Bolardos Egregios

imageDicen que Rodrigo Díaz de Vivar, en bolardísima pose, se presentó muerto, embalsamado y atado a su caballo a su última batalla y obtuvo de esa guisa la victoria para los suyos. No me parece gran cosa a decir verdad. Muertos y embalsamados comparecen  a diario muchas de nuestras figuras públicas, tanto del circo mediático como del estupefaciente circo político, sin que, como los moros de la leyenda, nadie parezca apercibirse de ello.

Esos infelices moritos, que asisten con asombro y pavor a la postrer galopada del finado Campeador somos nosotros, reaccionando y dando pábulo a diario al discurso fiambre de nuestros bolardos egregios.

Egregios, no por los méritos que acreditan, sino por el prédicamento y repercusión de su discurso exánime. La exanimidad no implica paradójicamente que su actuación no esté llena de aspavientos y animada como un GIF. Nuestro entendimiento es engañado, como la retina en el cinematógrafo para recrear una apariencia de vida y movimiento donde no hay más que taxidermizadas peroratas. Y como al Cid, les funciona.

Este género de bolardo es, como os cuento, exangüe en su fondo, pero gesticulante y enfático en su puesta en escena y por tanto muy peligroso. Distraídos como estamos con sus alharacas a veces cuesta que nuestro olfato identifique el pútrido y delicado aroma a despojo que exhalan. La perfumada taxidermia ha obrado su milagro y lucen lustrosos y  vivaces como en las plastinaciones del  doctor Gunther Von Hagenss.

Con sus humores vitales extraídos,  pontifican desde cátedras y púlpitos, tanto hertzianos como en alta definición, con sus manidos argumentarios , mil veces repetido como una sura. Bolardos hay que escriben en la prensa la misma columna rompepiernas  contra un enemigo imaginario desde hace cincuenta o mil años, sin curiosidad por un mundo que se transforma ante sus ojos, y la ofrecen en santa eucaristía a su parroquia, esclerótica como ellos y ávida de reafirmar su visión coleaginosa del mundo.

Bolardos plastinizados presiden tribunales e imparten justicia en nombre del rey, las togas como armaduras de charol, atrincherados en sus logomaquias, faraones en sus pirámides. Son estos bolardos señores de vidas y haciendas que ni vivieron ni hacendaron y que dictan presurosos sus autos y providencias de una u otra escuela prevaricadora.

Apparatchiks de cualquier ralea copan como bolardos unánimes las aceras de lo público y repiten robotizados el diktat de su facción, engrosan listas y poltronas desde siempre… desde que se recuerdan a sí mismos, amarrados  a su escaño o a su asiento en un consejo, como el hierro  al hormigón, con los dedos queratinosos de votar como manda su señor. Allí los pusieron y allí siguen pues la esencia del bolardo es perseverar en su ser.

Pero, no hay que preocuparse, pronto todos estos bolardos serán sustituidos por otros nuevos y lustrosos, corren nuevos aires y una nueva generación de bolardos, develadores de la casta, lucirá en las calles recien adoquinadas.La  frescura de sus propuestas de tan inconfundibles aires lysenkianos, dará nuevo vigor al bolardismo patrio, pero muchos tendrán que astillarse las rodillas hasta reputarlos lo que son : Bolardos, bolardazos de la más pura estirpe.

Y eso que el molde esta ya a la vista de todos. Amén.

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2 comentarios en “Bolardos Egregios

  1. Gracias Alber!! Estas a punto de completar el curso de perito en bolardismos. Si quieres enriquecer la clasificación con algún espécimen que me haya pasado desapercibido, estas invitado a hacerlo. Aunque espero cambiar pronto el tercio a otros asuntos más amables.

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