Humores coagulados

image¿Por qué los llaman Boeing, si no rebotan?

A mi me gusta mucho el humor negro. El humor y el ingenio, como bien nos indica el profesor José Antonio Marina en su “Elogio y refutación del ingenio” es un arma que nos ayuda a poner distancia ante los hechos. El ingenio nos dice:“¿ ves aquello que te parecía tan terrible? apenas es materia para hacer un chiste”. Actúa devaluando la realidad para hacérnosla soportable.

También soy partidario de los relatos terribles de los cuentos. Esos que una pedagogía inane cree que trauman las tiernas almas infantiles. Yo creo al contrario, que estas fábulas brindan armas al niño para  entender el mundo con su crueldad y sus horrores y poder enfrentarlo más adelante como un adulto sano. Conjuran el miedo basal y lo insertan en un relato.

Es el relato el que lo explica todo. Nos es necesario un contexto para poder explicar el mundo. Por eso me ha dado pena la dimisión del concejal Zapata, un tipo cuyo contexto al perpetrar esos tuits parece alejado del negacionismo  y en cualquier caso se enmarcaba en un debate sobre los límites del humor. Su bonhomía ha quedado demostrada en las explicaciones de su dimisión y en las llamadas para disculparse que ha efectuado a algunas de las víctimas de sus chanzas.

Su inquietante aspecto, a mitad de camino entre el yihadista de manual y Peter Ustinov tocando el arpa durante el incendio de Roma, ha quedado desmentido por su actuación. Ha cogido la manguera y ha ayudado a apagar el incendio. Otra cosa es que su perfil me parezca idóneo para ser concejal de cultura o de cualquier otra cosa y que las dimisiones a medias, conservando concejalía y sueldo se me antojen las peores posibles.

 Pero el contexto de otros tuits de nuevos e ilustres miembros de la corporación es bien distinto. Estos no participaban en debate alguno sobre el limite del humor. Simplemente, agazapados sobre sus teclados, eran más ellos que nunca.

Tuits Pablo Soto
Tuits Pablo Soto

Más madera

Como veis el muchacho tiene una fijación con el fuego y la guillotina. Obtengo estas capturas del blog de Pablo Herreros, que ha tratado de poner en contexto a su tocayo, un luchador meritorio en el campo del software libre.

El contexto es una cuestión de tamaño, depende de cuanto ampliemos la foto. Herreros se ha fijado en una lucha que le es particularmente cercana y que además es justa y en la que son compañeros de trinchera, pero  si abrimos el foco e insertamos sus tuits en  el contexto más amplio de  la historia de la violencia política de las izquierdas y derechas en España, es cuando se revela todo su significado.

El contexto no puede ser otro que esa violencia real, fáctica, que entre nosotros siempre tuvo su correlato en poemas  y discursos (léase tweets y blogs) que la festejaban. Recuerdo ahora al escritor falangista Luys Santamarina y  sus versos guerracivilístas, que Andrés Trapiello adjetivaba de violencia rifeña:

La navaja es una cosa

que se mete y que se saca,

¡ una alhaja!

la navaja es una cosa

que se saca y que se mete,

¡un juguete!

¿ Son muy distintos estos versos de lo leído más arriba? Luys Santamarina los consideraba extremadamente jocosos.

Pienso también en aquella sección, del Mono azul, cuyo editor era Rafael Alberti, tan humoristica ella, titulada premonitoria e irónicamente “ A paseo”.

Nunca hemos dejado de matarnos, ni de festejarlo. Nunca se produjo la violencia física sin ser precedida por la verbal y  no es casual que el héroe de toda esa grey podemita sea un chico al que han pillado con una maleta llena de explosivos y metralla.

El chiste que encabeza este artículo habla del 11S  y bromea con él. Muchos inocentes perdieron sus vidas en esos vuelos. La broma es tremenda, pero no festeja la violencia, la devalúa con su juego onomatopéyico. Simplemente, nos hace ver que la realidad siempre tiene otra cara y que aún en la mas terrible y cruel de las situaciones el cerebro humano busca el alivio del humor, como recientemente nos ha recordado la admirable Irene Villa, con la legitimidad añadida de ser ella la víctima. Humor sí, amenazas disfrazadas de humor no.

Los tuits de Pablo Soto, no sólo no exorcizan y conjuran hechos terribles ya pasados, sino que los convocan. Si de verdad queremos ampliar el contexto en que fueron dichos, tenemos que enmarcarlos dentro de la última mutación de una tradición política, que desde la Revolución francesa, pasando por la Revolución de octubre y las múltiples revoluciones guerrilleras de este siglo y el pasado, se muestra fascinada con la violencia. Sus elementos icónicos son reconocibles a simple vista: el fuego purificador y la guillotina, que aparecen una y otra vez, pertinaces, en sus graznidos.

La derecha es más de fusilamientos sumarios y garrote vil.

Una y otra vez, como recuerda François Furet, en “El pasado de una ilusión” las utopías colectivistas han puesto sus ojos en la violencia de la Revolución francesa y han elaborado justificaciones de la violencia como mal necesario para avanzar hacia el nirvana que nos proponen. Para ellos siempre ha sido “la partera de la historia”

El problema es que estos señores son ahora nuestros representantes públicos con todas las de la ley ( ¡ qué sí, qué sí nos representan! Contrariamente a lo que ellos afirmaban de otros electos) y verdaderamente nos representan, pues Soto y otros como él encuentran eco en una jauría, escondida detrás de avatares, que todos los días se desmelena y desgañita en las redes sociales, algunos de ellos, con gran predicamento entre sus huestes, han hallado acogida en cabeceras digitales afines y este es el nivel:

Princesa del pueblol

Las redes sociales están hechas por personas y amplifican lo mejor y lo peor del ser humano, como es lógico, pero lo hacen a una velocidad y una magnitud antes desconocida. El buen contenido se expande en la red a velocidades siderales, pero también los aullidos y desahogos que antes quedaban confinados al disfrute de la familia o de la taberna más próxima a casa.

A pesar de todo lo bueno que nos traen, es tal el hedor de esta sentina, que el profesor Humberto Eco, que marcó el centro del debate sobre los medios de comunicación de masas con su libro ya clásico “Apocalípticos e integrados”, se pasa directamente al bando de los apocalípticos. Por eso es bueno que les pidamos a nuestros responsables públicos eso que los anglos llaman accountability. No puede haber excusas en la condición de político sobrevenido. No puede haber excusas en quienes reclamaban transparencia máxima.

Escrutar el pasado del adversario político es un juego legitimo y al que uno se arriesga al saltar a la palestra pública. No la vida privada por supuesto, pero sí las manifestaciones públicas. Todos tenemos errores y meteduras de pata en el desván, pero no es lo mismo saltarse un semáforo que incitar al odio ideológico en las redes. Como incide Pablo Herreros en este y otros post tu actividad en internet esta el alcance de cualquiera y va ser encontrada con toda probabilidad y es bueno que así sea. El revés de la libertad que disfrutamos es y debe ser la responsabilidad. No dejarnos jalear por los que piden ¡más caballos! y mucho menos ponerse los responsables públicos al frente de la manifestación.

Como epílogo bufo de todo este sainete, aparecieron los tuits borrados del dicharachero Carmona, contado por el mismo periódico donde escribe la princesa del pueblo arriba retratada y los perjudicados gritaron -¡Tongo! ¡Lo tenían preparado, Tamayazo en diferido!.

Probablemente alguien le contó a Carmona la que se iba a liar.De ahí a conspiraciones judeomasonicas hay una distancia. Distancia que para no olvidarnos que todo esto gira en torno al humor, han recorrido presurosos algunos blogueros e “influencers” provocandonos la risa  que aquellos otros no supieron desatarnos.

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