Un aviador español, de alas y velos

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  Algún día habrá que rescatar a Federico de las veladuras que enturbian su  genio y dejan inexplicable la raíz y floración de su vida obra. Quienes le hemos conocido y por conocido amado no podemos dejarnos morir llevándonos dentro la pudrición de esta complicidad; de un silencio que juzgaran cobardía quienes vengan en tiempos de mayor naturalidad y más desasida inteligencia para entender y juzgar a sus semejantes…

 Eduardo Blanco-Amor, 1978, sobre García Lorca

Los vientos de la actualidad, la espuma de los días, a veces me impelen a terciar en asuntos de actualidad. No es la vocación de este blog. Prefiero tomar distancia con las cosas y tocar la actualidad solo tangencialmente como excusa para una reflexión más general. Volver la cabeza hacia la historia  nos obliga a repensar si la estamos contando como deberíamos. Ni el olvido ni el énfasis suele ser inocente.

Por mi trabajo actual y por herencia familiar el mundo de la aviación me es cercano y me interesan particularmente algunas de sus figuras.

Hoy me gustaría hablar del  coronel Iglesias Brage, cuya figura a pesar de que existe mucho material y del esfuerzo de Pedro López Gómez  y otros historiadores, no sé si es suficientemente conocida.

La hazaña con la que adquirió fama internacional fue su intento de batir, junto al capitán Jiménez Martín, la marca  de distancia en  vuelo sin escalas en 1929. Despegaron  de Tablada ( Sevilla) rumbo a Rio de Janeiro pero a las 44 horas de vuelo y debido a los fuertes vientos que sufrían desde el paso del Ecuador el indicador de combustible aconsejó aterrizar en Salvador de bahía. Fue un batalla muy de nuestro estilo, contra los elementos.  Iglesias y Jiménez quedaron a solo 638 km de batir la marca.

Pero… ¿ Quién se acuerda del capitán Scott?

Iglesias es nuestro capitan Scott, siempre estuvo a punto de batir algún record o de realizar alguna hazaña gigantesca… y aunque consiguió muchas cosas en su vida se quedo a la puertas de las más importantes.

Cuando planeo su viaje sin escalas  no era ningún novato en aviación, había sido piloto durante la guerra de África y fue  derribado en dos ocasiones, salvando el pellejo de milagro. En mayo de aquel mismo año de 1929 había intentado llegar a la India sin escalas, pero su aparato se vio obligado a aterrizar por fallo de motor en  Nasiriya, el actual Irak, donde fue hecho prisionero por los beduinos y liberado por los ingleses.

Estos raids le granjearon una enorme popularidad en su época e Iglesias no tardo en proyectar nuevas aventuras, de hecho ideó una que era más  grande  que él mismo y que habría de convertirse en el proyecto científico y cultural más importante de la Segunda República. Seguramente en alguno de sus viajes, cuando sobrevolaba ese gran pastel de brócoli que es la Amazonía, su espíritu inquieto pudo más que su pasión de aviador e imagino como sería poner pie en tierra y recorrer como un nuevo Orellana esa inmensa mancha verde.

A este militar, amigo de Fernandez-Florez y Altoaguirre, el traje de piloto se le había quedado pequeño. La aventura en la que iba a embarcarse se tituló “Expedición Iglesias Brage al Amazonas” Una  raid científico a la Amazonía para el  que la República construyó un navío que habría de surcar durante tres años por zonas selváticas, recopilando datos  etnográficos, geológicos, zoológicos, botánicos, cartográficos y de todo tipo.

Este buque “el Artabro” investigaría  en un área superior al  medio millón de kilómetros cuadrados, que comprendía zonas de Colombia, Perú, Ecuador y Brasil. Propulsado por un novedoso motor eléctrico diésel, el navío estaba dotado de  los más modernos adelantos y refrigerado para poder soportar el calor de esas latitudes. Era posible desplazarse en su interior gracias a su red de pasillos sin necesidad de salir a cubierta y ,por supuesto, contaba con dos lujosos camarotes para los jefes de expedición. Su casco, dotado de planchas de acero era capaz de resistir los hielos antárticos, lo que le permitiría remontar el caudaloso Amazonas y resistir el choque de los troncos arrastrados en su bravía corriente. El Artabro contaba con hospital y  quirófano equipado para transfusiones de sangre, tenía un cuarto de telefonía y telegrafía sin hilos, sondas acústicas y máquinas de hacer hielo. Iglesias había previsto cámaras de cine, laboratorios de revelado y zona en cubierta para guardar dos hidroaviones que servirían para los trabajos fotrogramétricos y de exploración.

El Artabro

Era el proyecto de un ilustrado que pretendía revivir las grandes expediciones  científicas de la Corona Española como la de Hipólito Ruiz en 1777, la de Celestino Mutis en 1785 o la expedición Malaspina. El proyecto concitó un entusiasmo enorme y fue apoyado por el ministro de instrucción pública Fernando de los Ríos.  Se creó un patronato presidido por Gregorio Marañon, presidente entonces de la Sociedad Geográfica y recibió el apoyo de Waldo Frank y de otros intelectuales.

Pero hubo dimes y diretes. Marinos que preguntaron por qué en una expedición fluvial había de estar al frente un aviador, botánicos que reclamaban también su prelación en la expedición y zoologos que veían evidente que ellos debían estar al frente, etc…y en estas fueron pasando los meses y los años hasta que un verano sonaron  en España las trompetas de guerra que habrían de llevarse todo por delante.

“All we are is dust in the wing”  como cantaba los chicos de Kansas y los vientos de guerra barrieron cualquier recuerdo de la expedición.

No sabemos cuanto influyo en el retraso del proyecto aquello que el historiador Pedro López Gómez, que ha tratado su figura con gran simpatía, llama “algunas debilidades de carácter personal”. También se refiere enigmáticamente este historiador a que sus “relaciones sentimentales pudieron ser causa del retraso de todo el proyecto”. Otra reseña histórica que he podido leer habla de su estilo de vida heterodoxo y Alfredo Kindelan, coronel retirado del ejercito del aire, refiere en un articulo sobre la expedición que: ” De forma evidente, debieron primar algún otro tipo de circunstancias que dificultaban la dirección de Iglesias en el proyecto que él mismo había gestado”

Sobra decir que tanto misterio no oculta otra cosa que la homosexualidad de Iglesias y que las circunstancias a las que se refiere Kindelan, cuyo abuelo fue el jefe inmediato de Iglesias y debe conocer bien el paño, eran sus juergas y correrías. ¿ A qué tanto circunloquio en esta época en la supuestamente hemos abandonado tantos viejos prejuicios ?

Desde la primera vez que oí hablar de  Iglesias supe que era homosexual. Mi padre, Pedro Romero Antolín, que había sido asistente suyo personal en los años cuarenta, durante el tiempo que estuvo comisionado para la construcción de diversos aeropuertos gallegos, así me lo contó.

No puedo olvidar la primera ocasión en que oí hablar de Iglesias Brage. Fue en un verano, también en tierras gallegas por un azar del destino.  Yo con 22 años estaba aterrorizado de confesarle a mi padre, un coronel que había hecho la guerra en el bando nacional, mi propia homosexualidad, pero las circunstancias me impelían a hacerlo. Cuando por fin reuní la fuerza suficiente, encontré una enorme comprensión y respeto por su parte. Esa noche tomamos unas cuantas copas en una brumosa Coruña en la que parecía de todo menos verano. Me habló de sus estudios de filosofía y de como la visión de la homosexualidad había cambiado a lo largo de la historia, me habló de sus años en Marruecos y como había visto allí,  que, aun reprendido por el islam oficial, las relaciones homosexuales eran habituales y no digamos en aquel Tanger puerto franco que quedaba a la vez tan lejos y tan cerca la plaza española de Tetuan.

Y me hablo de Iglesias.

Siempre habló de él con enorme admiración, como de una inteligencia preclara, de alguien que veía más lejos de lo que los demás se atrevían a hacerlo. Me hablo de su valentía y arrojo personal y no pude evitar que esas historias me fascinasen. Me contó también la historia de la relación de Iglesias con ese personaje asombroso que fue Alfonso Braña, el rey gallego de los Jibaros . Se mostró asombrado de que Iglesias no hubiese accedido al generalato y no dudó en atribuirlo a como diría Kindelan  “sus circunstancias”. Me hablo también con pena y quizás con cierta preocupación paternal por mi futuro, de como en el entierro de Iglesias en 1973, cuando no había cumplido yo los dos meses, sólo acudieron a aquel cementerio ferrolense de Catabois él mismo y cuatro gatos más  (conservaron la amistad hasta el final) y se mostró convencido de que tanto olvido no era sólo a causa  del triste pero irremediable “sic transit gloria mundi” . La realidad era que a muchos no les hubiera gustado que lo relacionasen con él ni para darle el postrer adiós. Mi padre tampoco quiso que lo relacionasen con él en un momento concreto y pidió un traslado que, cuando me habló en aquella ocasión, le apenaba haber solicitado.

Ahora que mi padre ya no esta, siento, como suele ocurrir, no haberle preguntado muchas mas cosas. ¿Y es que a dónde va la memoria de un hombre cuando nos deja?, ¿ Dónde van todos aquellos pequeños recuerdos personales, esas cosas que solo él sabia? ¿Dónde ir a buscarlos?

Iglesias Brage lo había sido todo;  pionero de la aviación, amigo de los intelectuales mas renombrados de su tiempo como Menéndez Pidal o Lorca, que le dedico un poema de su romancero gitano cuando Iglesias contaba 21 años . Era Ingeniero, un militar brillante y un espíritu explorador y aventurero.

Fue también comisionado de la sociedad de naciones para la resolución del conflicto internacional de Leticia entre Perú y Colombia y fue sobre todo el gran muñidor del mayor proyecto científico y cultural de la República.

Los historiadores expresan dudas sobre si voló a su Ferrol natal para incorporarse al alzamiento o simplemente le encontró allí. Sea como fuere, lo que sabemos es que llevó su compromiso con el bando de Franco hasta el final, fue  Jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Aéreas del Norte durante la guerra y ostento cargos en la nueva administración .Lo que es seguro es que ninguna de las dos Españas podía resultar un lugar cómodo para él. Aunque algunos episodios como  el fusilamiento de homosexuales en Bujaraloz por parte de Buenaventura Durruti todavía no están suficientemente claros , lo cierto es que en cualquier caso aun estábamos muy lejos de Stonewall y que testimonios como el de Jorge M. Reverte en su libro “guerreros y traidores” sobre el brigadista homosexual William Aalto hablan claro de las dificultades que enfrentaban los soldados republicanos de sexualidad no convencional. Por decirlo con deliberado anacronismo, ninguno de los bandos lucia la bandera del arcoiris junto a la rojigualda o la tricolor.

Sin embargo hubo militares homosexuales en ambos bandos, que aunque solían mantener el recato y el disimulo, era conocido  por parte de todo el mundo que lo eran. Vilallonga en sus memorias traza una semblanza del aristocrático coronel de caballeria Joaquin Gual de Torrella, que según sus palabras era lo suficientemente intrépido como para jactarse en aquella época de su homosexualidad, si bien quizás se consideraba protegido por su alto estatus social. El citado coronel fusiló a mansalva. Las tendencias sexuales no privan ni del heroísmo ni de la crueldad cuando los vientos de la historia soplan airados y mueven a su antojo  los hilos de la vieja farsa.

Quizás el más novelesco de todos los militares con tendencias homoeroticas, fuese, en el bando republicano,  Gustavo Duran, pareja del pintor Nestor Martín Lopez de la Torre, que pasó de miliciano simple a comandante del Quinto Regimiento sin ningún tipo de preparación militar y fue protagonista de mil peripecias más al terminar la guerra que han sido noveladas por  Horacio Vazquez Rial en “Soldado de porcelana” .

En cuanto a Iglesias ¿Qué presta al conocimiento de su figura conocer su sexualidad? ¿Hace mayores o menores sus logros y sus fracasos? Ciertamente no. Aún en el momento de escribir estas letras siento cierta incomodidad que no puedo evitar, como si estuviese cometiendo un outing historiográfico que tal vez el protagonista no desease. Más allá de mostrar que, como dice el sociólogo Marvin Harris, en el transcurso de la historia la mayoría de homosexuales no han sido peluqueros ni estilistas sino guerreros y hombres de acción y que no hace falta remontarse al Batallón sagrado de Tebas para encontrar ejemplos, el conocimiento público de la sexualidad de las figuras históricas nos ayuda a comprender a la persona de carne hueso y las circunstancias vitales por las que atravesó, le presta humanidad y le aleja del cartón piedra en que la historigrafía militar envuelve a sus figuras.  Un sector de nuestra historiografía corre aún espesos velos sobre asuntos que le siguen pareciendo escabrosos y que tal vez no, pero tal vez sí, como en algunos casos sugieren ellos mismos en voz queda, pudieran arrojar nueva luz sobre  algunos acontecimientos. Para mi padre “las circunstancias de Iglesias” explicaban muchas cosas.

Respecto a mí solo quiero creer que, en cumplimiento de la profecía de Blanco-Amor, los tiempos de mayor naturalidad y mas desasida inteligencia para juzgar a los semejantes  son llegados ya.

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6 comentarios en “Un aviador español, de alas y velos

  1. Intrépido y curioso personaje el Coronel Iglesias cuyas supuestas y eufemísticas preferencias sentimentales / sexuales le privaron de realizar tamaña gesta naval.

    Y no menos curioso, culto y singular, Don Pedro Romero Antolín (Tío Pedro), personaje singular donde los hubiere, de talante más liberal de lo que él mismo hacía gala, y que demostró, por lo leído, ser mejor encajador de lo que se le presumía al Coronel!!
    Lástima de viaje…

    Alberto

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  2. ¿ Y qué me dices de Alfonso Graña, rey de los jibaros, al que el mismo Rockefeller tuvo que pedir permiso para hacer prospecciones en la Amazonía? Toda la historia esta llena de personajes curiosos y novelescos, que no cabían en el texto.El más entusiasta cronista fue Víctor de la Serna..en fin me alegro que te haya gustado!

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