Oh, Ashley

-Oh, Ashley- exclamaba Escarlata O´Hara en Lo que el viento se llevo con ese mohín de niña consentida y ese deje melindroso con el que la oíamos en los doblajes. Los Ashleys no abundaban en nuestro colegio, así que aprendimos en ese culebrón que Ashley era nombre de varón o cuando menos pertenecía a ese género de nombres ambidextros que pueden usarse para ambos sexos. Por lo visto se he hecho popular como nombre de mujer en los EE.UU en los últimos tiempos y debido a esa popularidad decidieron usarlo como estandarte de esa red que decía estar especializada en lances furtivos, Ashley Madison, que tan buenos ratos nos está procurando.

Dicen los tratadistas que el nombre se ha vuelto tan popular que el subconsciente del americano medio lo relaciona  con la vecina del quinto pero uno no puede dejar de advertir la humorada de que en una pagina en la que había menos presencia femenina que en un bar de osos de Chueca, usasen como emblema un nombre cuando menos equívoco en su adscripción sexual.

Lo mismo ocurre con el otro sustantivo con el que se conforma el nombre  de la firma, Madison.  Existen menos evidencias de su uso como nombre de varón pero nos consta que, si no en su génesis, sí en su popularización, tienen abundante protagonismo los seres mitológicos y sus metamorfosis. La alcahueta virtual que nos ocupa honra su linaje poblando también de entes imaginarios su universo paralelo. Así se las gasta este moderno trotaconventos, cuyos filtros amorosos tenían encandilados a sus usuarios sin hallar jamas estos recompensa alguna que no fuera el placer de imaginar esos amoríos y aventuras jamas consumadas

Algunos recordamos esa otra película: Splash, que rivalizaba en cursilería con el clásico antes mencionado. Parece que la popularidad de Madison como nombre de mujer, deriva de aquel momento. En esta película, la prota, una sirenita que en un  tris cambiaba su hechura de lenguado por la humana, adopta este nombre tomado de la famosa avenida neoyorkina, para bautismar a su hipóstasis bípeda. Desde que esta náyade, interpretada por Daryl Hannah, trocó en el referido filme, sus vejigas natatorias por el cincelado muslamen que paseaba  por la Quinta Avenida, parece que las Madison brotaron por doquier y como es revelador de su origen en cardumen, llegando a formar bancos tan notorios como los de nuestras Vanessas y Melodies.

Con tan jugosos precedentes en su nombre no podemos acusar a Ashley Madison de no darnos pista alguna de su equívoca naturaleza pero nada de esto sirvió a sus desdichados usuarios como advertencia de que en ese jardín de las delicias prometido nadie había más que ellos mismos y unas inasibles sirenas que engatusaban con sus cantos a los marineros que se aventuraban en esas procelosas aguas.

Seducidos por estos melodiosos ecos 35 millones de usuarios acudieron a su llamada, usuarios tan merluzos como las ebúrneas merluzas digitales creadas con el deliberado propósito de que moscones como ellos acudiesen al panal y quedasen presos de patas en él.

Aun movían sus patitas algunos tratando de liberar sus extremidades digitales de la untosa melaza que les tenia cautivos, aunque no desarmados en previsión de lo que pudiera suceder, cuando llegaron las carnívoras abejas hackerianas con sus crueles aguijones a relamerse ante el festín.

A los pobres incautos les habían hecho un “Gorka“. En Santander existe una mítica discoteca de ambiente con nombre de resonancias igualmente legendarias: Disco Dragón y en ella oficia u oficiaba de maestra de ceremonias una travestí singularmente incisiva llamada Gorka. Los espectáculos de travestís no me suelen gustar mucho pues rara vez ofrecen algo más que vulgares imitaciones y chabacanería pero hay excepciones y en Santander solíamos acudir a ver a Gorka porque era especialmente mordaz y venenosa y tenía crueles destellos de ingenio que nos divertían.

En el momento álgido de su show solía decir con la voz más aterciopelada y femenina que era capaz de adoptar:- …chicas, tengo que contaros un secreto que posiblemente no podáis ni imaginar…- a continuación optaba por su registro de voz mas grave y cavernoso, sin evitar un deliberado deje macarra, para comunicar a la audiencia el terrible enigma que escondía: -¡Somos Tíoooos!-, mientras, ataviada con un cardado y vestido a lo Judy Garland, se asía con procaz  y barriobajero gesto la parte de su anatomía que probaba la indudable veracidad de su aseveración.

Era el uso de la obviedad como recurso humorístico, la súbita revelación de lo evidente como si fuera un recóndito arcano cuya verdadera naturaleza sólo en ese instante hubiera quedado desvelada, y eso mismo es lo que nos hace tanta gracia de Ashley Madison. ¿No era evidente para sus usuarios que en ese corral eran todo gallos?, ¿no habían sido crípticamente claros, si me permiten el oxímoron, sus promotores cuando optaron por tan evocadores y equívocos nombres?,¿no se sobaban impúdicamente el paquete en la página a la vista de todos mostrando a quien quisiera verlo que el objeto de sus lujurias y ensoñaciones no eran sino paquetes, pero de datos, convenientemente envueltos para adoptar la forma de sus sueños?, ¿y qué pensaban cuando, una vez tras otra, se les escurrían de las manos con pertinaz delicuescencia las escurridizas ninfas?

Pues parece que nada de eso estorbaba la alocada carrera de los encelados cabestros en  en pos del anhelado reclamo. Seguían berreando, con la baba tonta formando espuma en sus belfos, mientras perseguían con tozudo trote, hasta astillarse las pezuñas, la libélula vana de una vana ilusión.

Ha querido el destino que este desafuero (al que nada objetaron las autoridades, a pesar de que la nómina de  benditos estafados con este crecepelo es ingente) coincida en el tiempo con el cierre de otra página cuyo título, tan sibilino, resultaba hasta ayer inescrutable para los encargados de velar por la seguridad pública. La pagina en cuestión se llama desde hace veinte años Rentboy.com. ¿Enigmático, verdad?,¿qué querrá decir? parece que al fin los sabuesos, con su singular astucia, han concluido, tras  dos décadas de investigaciones, que la citada página pudiera estar sirviendo para la venta al por menor de placeres carnales a confiados usuarios por parte de desaprensivos chaperos. Es increíble cuanta maldad puede ocultarse tras un nombre de tan impenetrables resonancias. Pero, claro, aquí no se trata de aladas y etéreas nereidas que atufan a bot y que mantienen a sus pretendientes, como hacen los políticos, en el inocente limbo de las promesas anheladas y nunca cumplidas. Hablamos de una mafiosa banda de concupiscentes incitadores a la sodomía por lo que no es de extrañar que el Departamento de Justicia se haya visto obligado a tomar cartas en el asunto y a enchiquerar a sus promotores.

Parece ser, que al contrario de lo que pasaba en Ashley Madison, los referidos chaperos pretendían, sin mucho engaño, es cierto, pasar de las musas al teatro de los hechos e incluso los había que llevaban bastante tiempo lográndolo con provechosos resultados para su economía y una seguridad algo mejor que la que ofrece la prostitución callejera.

El caso es que el Departamento de Seguridad Nacional, cuya misión principal es velar por las amenazas a la seguridad del país, se ha puesto estupendo y ha declarado como el capitán Renault: ¡Qué escándalo, aquí se folla!, ¡nunca lo hubiéramos creído!

¡Y por dinero…con lo fácil que sería hacer como Ashley Madison, robarles el dinero y dejarles tan vírgenes como santa Teresita de Liseux o don  Laureano López Rodó!

Y para que consideremos la odiosa peligrosidad de lo que allí se anunciaba han hecho trascender algúnos pormenores del contenido de los anuncios y en ellos aprendemos que algunos de los desprejuiciados oferentes detallaban que disponían de slings. Al parecer, este execrable artilugio es un tipo de columpio suspendido que con su vaivén y suave balanceo facilita la consumación del pecado nefando, ahorrando esfuerzos al que acomete por quedarle el acometido a la altura de su alabarda y proporcionando ceñido acomodo y sostén, para concentrarse mejor en el trance, al que regalada y placenteramente consiente la carga .¿Cabe mayor amenaza para la seguridad nacional del imperio? Explicado esto se comprende mejor el terrible peligro en el que, ignorantes de lo que se cocía, nos hallábamos todos.

Chanzas aparte ¿estamos de nuevo, durante el mandato del primer presidente negro de los Estados Unidos, como en aquellos otros gloriosos de Edgar Hoover en que los tentáculos del estado husmeaban en la bragueta de medio país y montaban execrables campañas aduciendo que había cosas que atentaban contra la moralidad de sus ciudadanos mientras el propio director del FBI insistía en pasar revista personalmente a medio cuerpo de marines para calibrar si sus bayonetas y arcabuces seguían en buen uso?

Como siempre que de prostitución se trata, una sombra de moralina y determinismo que hace referencia a condiciones sociales o económicas ensombrece la realidad básica de que la providencia es caprichosa en la distribución de sus dones y a unos les colma de bienes materiales y a otros de beldades y el viejo oficio, cuando es ejercido libremente como en el caso de la pagina que nos ocupa, viene a corregir esos desajustes dando a unos y a otros lo que necesitan o desean.

Ciertamente hay situaciones aborrecibles de pobreza y privación, también de odiosos prejuicios, que abocan al lúgubre callejón de la prostitución. Pero estos casos hay que buscarlos más en las redes de trata de blancas y en determinados clubes de carretera y otros chiringuitos varios. No parece ser el caso de los particulares que libérrimamente estaban apuntados a este portal, pero aunque lo fuera, ¿no será siempre mejor para chaperos, izas,rabizas y colipoterras que ejerzan libremente aquello con lo que se ganan el condumio, sin chulos, sin matones ni tétricos clubes que se llevan la parte del león; sin el miedo a desempeñar el oficio a la intemperie en sombríos callejones, al albur de curiosos, bromistas y desalmados?

El “proxenetismo”del portal, lejos de cobrar un estipendio cada vez que el taxiboy baja bandera  o incautar el beneficio como cualquier chulo que se precie, parece que se limitaba a cobrar una cantidad periódica a los anunciantes por sus servicios y eran ellos los que elegían publicitarse en él o no. Antiguamente lo hacían en las honorables cabeceras de la prensa nacional. Unas paginas más atrás del editorial que ensalzaba la última encíclica vaticana encontraba uno un texto que rezaba: “conejitas en celo, muy sumisas, te esperan….”. Abogo por un mundo en el que conejitas y conejitos sean libres de elegir lo que hacen con sus cuerpos, de poner el precio que quieran a su mercancía y de anunciarla donde tengan a bien e incluso, por querer, querría que su profesión les fuese provechosa y les hiciese tan felices como a Bugs Bunny, el conejo de la suerte.

Lejos del estereotipo del chapero o la mesalina confinada a este papel por las circunstancias sociales, he conocido a algunos oficiantes encantados del camino que habían elegido, pudiendo haber optado por otros. Alguno tan feliz con los servicios de la pagina de la que hablamos que prestaba sus servicios particulares a su CEO.

Conocí fugazmente, a Jefrey Hurant, el creador de Rentboy.com, por estar invitados ambos por un amigo común a una formidable mansión en Mikonos, en las que fueron las más extrañas y delirantes vacaciones que he disfrutado. Hurant, con quien la naturaleza fue poco generosa en el terreno físico al repartir sus prendas, se hacia acompañar por L., uno de sus chicos favoritos, un joven ingeniero de caminos y puentes, a quien la naturaleza había cubierto de dones tanto físicos como intelectuales, pero a quien no disgustaba la vida de lujos que Jefrey y otros clientes podían ofrecerle en lugar de la rutinaria existencia del asalariado. Un simple intercambio libre entre personas libres, no un fraude como el que vendía Ashley Madison, cuyos usuarios han quedado, los benditos, amen de esquilmados, retratados y para colmo de desventuras sin haber catado las mieles que se les ofrecían. La vida es corta, como reza su lema, por eso necesitaban con tanta prontitud el dinero de los panolis. Al parecer el escándalo consiste en que se intercambien libremente servicios por dinero, no en ser estafados  por practicar el furtivismo doméstico en un coto en el que no hay perdices y a cambio acabar como más habrían querido evitar: en bolas en público y con un letrero señalándoles. Angelitos.

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2 comentarios en “Oh, Ashley

  1. “el nombre se ha vuelto tan popular que el inconsciente del americano medio lo relaciona con la vecina del quinto”
    Imagino que querrás decir subconsciente, no inconsciente 😀

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